Cuatro historias de anarquistas en Argentina parte 2



 las conversaciones con José Grunfeld: 


–¿ Por qué el anarquismo ya no actúa en el sindicalismo? 

– Tiene actuación pero muy pequeña porque el sindicalismo fue desvirtuado totalmente por el peronismo. Antes del 46´ la institución sindical era un ejemplo de consulta  porque no se hacía cosa alguna sin llevarla a la asamblea. La asamblea era soberana y de ella surgían todas las resoluciones. Tanto es así que no había compañeros  sino militantes, todos a la par. "Dirigente" era una mala palabra y "conducción" era un término militar. Después, el peronismo se apoderó de los gremios y fue convirtiendo al sindicalismo en una organización de tipo corporativo y verticalista. Y actualmente los trabajadores no manejan más los sindicatos. Nadie los consulta o en las asambleas se realizan pseudoconsultas. Y ellos aceptan las decisiones y sólo concurren al sindicato por las obras sociales. Yo lo veo en este sindicato, AEDA. ¿Sabe cuántos vienen a las asambleas? Unas docenas. 

- ¿ Y, según usted, es responsabilidad del peronismo que el sindicalismo haya adoptado una estructura corporativa? 

– Si bien toda organización sindical tiene un aspecto corporativo fue fundamentalmente durante el peronismo cuando muchas instituciones se apartaron de la concepción social, fueron acentuando su carácter gremial y se acercaron al corporativismo. Antes, desde sus comienzos hasta 1930 aproximadamente, el movimiento obrero en la Argentina estaba conformado por entidades de ayuda mutua, bibliotecas, centros culturales y organizaciones que trascendían a las uniones de trabajadores. 

– ¿ No cree que el peronismo avanzó porque el anarquismo y otros sectores retrocedieron.? 

- No, el anarquismo no abandonó su lucha. Hubo compañeros que sufrieron torturas y estuvieron detenidos en el tiempo de Perón: los portuarios, construcciones navales, plomeros... Pero ya se había producido un gran descenso de la capacidad: la gente se había volcado al peronismo porque era mucho más facilista, demagogo y fomentaba la vagancia. 

-También hubo muchos anarquistas que se volcaron al peronismo. 

- Sí, yo he vivido en Rosario y noté esa actitud en muchos compañeros. 

- ¿ A qué atribuye esa fascinación de militantes anarquistas por una ideología diametralmente opuesta? 

- Muchas veces las convicciones no son reflexivas sino sentimentales. Tanto dentro del anarquismo como de otros sectores, había simpatía por el populismo. Esa debilidad por la masificación explica que grandes personalidades se hayan dejado arrastrar hacia donde se inclinaba la mayoría. 

– ¿Por qué no se produce un resurgimiento del anarco sindicalismo ahora que el peronismo no tiene la capacidad de influencia de masas de antaño? 

- Porque no hay militantes. Y la gente que hay sigue con las viejas ideas, cosa que indudablemente no tiene cabida. Habría que acercar- se al movimiento, irse abriendo camino y tratar de volverlo a una vertiente democrática. 

– ¿ Con qué mentalidad tendrían que acercarse? 

- Con una mentalidad productiva, responsable, de reivindicación de los derechos del trabajador... Estimulando la participación porque el mal de no participar, de ni siquiera ir a dar la opinión, está instalado en el sindicalismo: se hacen parodias de asamblea pero no hay asambleas, la gente no concurre. Y en los partidos políticos pasa lo mismo. Los manejan una cantidad de dirigentes. 

– ¿De quién es la responsabilidad de que la gente no se acerque ? 

- Estamos pasando por un período de envilecimiento colectivo que yo casi me atrevería a llamar de corrupción colectiva. 

– ¿No cree también que con el proceso de exterminio llevado a cabo durante la dictadura última los militares hicieron una siembra a futuro en cuando a la destrucción de la militancia? 

No me parece que sea una explicación total. Puede haber sido un factor, pero dentro de la militancia anarquista nada más que un factor porque al fin y al cabo fuimos más perseguidos en épocas normales. Durante el 30´, clausuraban nuestros locales; durante el peronismo hubo detenidos y torturados entre los portuarios y plomeros, fue- ron asesinadas mujeres del gremio telefónico, hubo centenares de presos durante una huelga de ferroviarios, las cárceles se llenaron de obreros... O sea que durante la última dictadura militar los anarquistas soportamos las mismas cosas de siempre, contra nosotros no se acentuó la persecución más que contra otros. 

– Me refería a la desmovilización de la militancia desde el 83´ en adelante... 

- Todas las sociedades pasan por estos períodos. Algunos escritores como Ignacio Silone dicen que en Italia después del fascismo pasó lo mismo. Yo no pretendo tener un método infalible para definir este fenómeno, pero también la política de envilecimiento del peronismo encaja bastante con esta falta de militancia. 

-¿ Se puede volver a los tiempos de gloria de la militancia anarcosindical ? 

- A mi juicio no, porque el mundo ha cambiado. Si bien el anarquismo podría concientizar sobre la necesidad de la equidad, la mayor parte de la militancia actual sigue una dogmática agresiva y menosprecia al resto de la sociedad. Y los sectores sociales más capacitados que deberían generar soluciones – no tienen una cosmovisión de las problemáticas modernas ni interés en el espíritu de equidad y sobriedad que aplicaba el anarco sindicalismo 

- ¿ De qué medios debería valerse la humanidad para alcanzar esa equidad? 

– En nuestra época solíamos decir: “ un acto constructivo, a veces, salva más vidas que 20 mil huelgas ” . O sea, creo que habría que apostar a la ciencia y a la técnica, pero con una distribución más equitativa de sus resultados y cuidando de no dejarlas en manos de los capitales que manejan los medios de producción. 

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–¿ Qué diferencia encuentra entre el movimiento obrero hasta la década del 40´ y el actual? 

- El movimiento obrero se organizó cuando nuestro país no tenía la cantidad de habitantes que tiene ahora, los sindicatos eran más chicos y la conexión de los hombres era más directa, con todo el fervor de la militancia y la entrega a las cosas. En aquellos tiempos el hombre actuaba impulsado por la generosidad, la solidaridad y los grandes ideales. Ahora el sindicalismo no cumple una función muy eficaz y el hombre se ha masificado: no participa, le echa toda la culpa al gobierno o a los políticos y se desentiende de las responsabilidades. No obstante, como decía, Karl Popper, el progreso no es una línea recta o una curva ascendente, sino que hay parte de retrocesos. 

– ¿ A qué se debió el retroceso del movimiento obrero? 

– Al centralismo de la F.O.R.A. que agudizó las peleas de personalismos entre los sectores-, a la división de la CGT, a la formación de centrales que se hacían y se deshacían y a la ortodoxia que no permitió realizar un examen oportuno de las tácticas. 

– ¿ Quiénes deberían haber lo hecho? 

– Sobre todo la FORA que era la agrupación mejor estructurada a nivel nacional. Pero, lamentablemente, se mantuvo aferrada a viejas ideas en circunstancias en que la vida y las formas de trabajo y producción se estaban modificando. Rechazó, por ejemplo, la federación de sindicatos por industria. No diferenció a un gobierno constitucional de una dictadura. Y no advirtió que los trabajadores preferían tener dirigentes hábiles negociadores más que las huelgas y la acción directa . 

– ¿ Cuándo debería haberse realizado esta autocrítica? 

– En la década del 20´, quizás la época más floreciente de la F.O.RA. y de numerosas agrupaciones libertarias independientes en La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca, Tandil, Avellaneda, Capital y provincia de Buenos Aires. Y durante la dictadura de Uriburu. Los cambios más importantes en el movimiento obrero se produjeron, a mi entender, después del 30´: uno fue el comienzo de la decadencia de la FORA y el otro la incursión del comunismo con sus maniobras de socavamiento. 

– ¿ Qué maniobras.? 

– Por ejemplo, insistían en concretar las consignas que disciplinadamente recibían del Partido Comunista Central de Moscú aunque acá esas prácticas no tuvieran aceptación de los sindicatos ni estuvieran vigentes en el movimiento obrero. Usaban un lenguaje agresivo y trataban de traidores tanto a anarquistas como a socialistas. Fueron los precursores del futuro equipo dirigente peronista. 

– ¿ En qué sentido? 

– En cuanto a habituar al movimiento obrero a la obediencia incondicional a caudillos publicitados por la maquinaria partidaria e instaurar la modalidad de propaganda de líderes. Todo esto era un hecho inédito hasta aquel momento en que los hombres más destacados del sindicalismo se mantenían en un modesto anonimato. 

– ¿ Cuáles fueron las consecuencias de esas maniobras de "socavamiento" ? 

– Gracias a la juventud dinámica con la que contaban se apoderaron de la dirección de algunos gremios. Arrebataron varios al anarquismo como el Sindicato de Albañiles, que lo convirtieron en la Federación Obrera de la Construcción y luego lo utilizaron para acercarse a la CGT. Y después, para aumentar sus votos dentro de esta Confederación fueron creando sindicatos ficticios como el de la carne y metalúrgicos hasta que coparon la dirección cegetista y lograron dividir- la en dos sectores con lo que estimularon las rivalidades internas. 

– ¿ Cuándo empezó la decadencia del movimiento obrero en cuanto a pérdida de conciencia de sí mismo y de capacidad de movilización autónoma? 

- Cuando el peronismo interesó a una cantidad grande de trabajado- res, empezó a perseguir a los sindicalistas y a los gremios antiguos como autónomos, marítimos de la U.S.A. y la F.O.R.A. a la cual le dividieron los sindicatos- y fueron creados desde el gobierno nuevos sindicatos -con prebenda personerías jurídicas y todo el reconocimiento oficial- para romper los gremios viejos. 

– ¿ El gobierno no halló obstáculos a su estrategia de destrucción del antiguo modelo sindical? 

– Sí, pero al gobierno le resultaba muy fácil debilitar los sindicatos originales porque formaba gremios con adictos. Y luego les daba personería y todo el respaldo y les exigía cl pago de cuotas obligatorias -porque el que introdujo la cuota sindical obligatoria fue el peronismo. Estos señores que estaban al frente de estos gremios fueron los que, más tarde, produjeron el traspaso de esos fondos y con todo ese dinero empezaron a afiliarse sueldos enormes y a tener segundones que también vivían de eso y así se armó la gran burocracia de aprovechadores a quienes lo que menos les importa es el trabajador y están dispuestos a venderse a cualquiera. 

– ¿ Y qué pasó con los sindicatos viejos.? 

Hubo sindicatos como los gráficos que después de la Revolución Libertadora se reorganizaron. Pero ya estaban carcomidos porque en todas partes había intereses creados peronistas que hacían veinte mil cosas para obstaculizar la labor. Además, los sindicatos necesitaban personería jurídica para poder funcionar y para gestionarla tenían que adherirse al peronismo; si no lo hacían eran considerados ilegales. A su vez, los patrones estaban obligados a firmar convenios con los nuevos sindicatos y a aportar a una organización gremial llama- da Confederación General Económica (C.G.E.) para sostener también a otros vivos. Y al patrón que no se adhería se le cerraba la fábrica. Así que nosotros tuvimos el autoritarismo ahí, enfrente nuestro con todos los manejos. Y eso fue con el peronismo. Después, durante la Revolución Libertadora se intentó retomar el movimiento obrero, pero con muchas dificultades y con el virus del peronismo ya bien desarrollado. 

– ¿ qué tipo de dificultades? 

– Básicamente derivadas de la corrupción. Por ejemplo cuando fuimos a un congreso de empleados de comercio en 1956 – después de la Revolución Libertadora- pensamos que todavía existían restos de una mentalidad sindical y nos concentramos con gente que nos miraba mal porque protestábamos porque se llevaba a los participantes a los casinos y cuestionábamos que el encuentro se hubiera organizado en Mar del Plata y no en Buenos Aires donde los viáticos eran más económicos. También proponíamos que el Congreso sesionara todas las horas posibles para ganar tiempo y achicar los gastos de la organización sindical porque estábamos representando a los trabajado- res. Pero chocamos contra una mentalidad que ya no tenía conciencia de trabajo. 

– Es curioso que frente a este proceso de captación de sindicatos y de desmembramiento de estructuras gremiales, los diversos sectores del anarquismo no se hayan unido como estrategia de resistencia. 

-Hubo una unión popular democrática no convertida en institución de hecho que se dio más a nivel multisectorial que a nivel interno entre las agrupaciones del anarquismo. Hacia 1943, se desperdició una gran cantidad de energía en la enemistad entre la F.O.R.A. y la Federación Anarco-Comunista Argentina (FACA) que hizo perder idea de contexto. Después, cuando aconteció el proceso eleccionario que llevó a Perón al poder, los compañeros de la FACA estuvieron muy en contacto con los antiperonistas, con gente del Partido Socialista, de la Democracia Progresista y con intelectuales. Pero los fenómenos de separación entre los diversos sectores anarquistas no eran fáciles de superar y no hubo intentos de unificación para defender los idea- les. 

– Observando este fenómeno de burocratización del sindicalismo y de manipulación del movimiento obrero, da la impresión que tenemos una larga trayectoria de autoritarismo, los argentinos. 

- Claro, y el autoritarismo sigue todavía, más que nada en el sindicalismo moderno. Actualmente en el movimiento obrero se aplica el método de "conducción" , palabra que le debemos a Perón y ahora usan hasta los democráticos sin saber que es un término militar. 


JOSE GRUNFELD 

Nació el 17 de junio de 1907 en la localidad santafesina de Moisés Villa asentamiento de inmigrantes judíos, entre ellos sus padres provenientes de la región rumana de Besarabia. A los 10 años empezó a estudiar música y a trabajar en el almacén de su pueblo. A los 11 fue vendedor de diarios y empleado en una casa de fotografía en la ciudad de San Cristóbal. A los 12 se trasladó Ceres, al norte de Santa Fe, para desempeñarse en un almacén de ramos generales y a los 14 fue a Rosario para trabajar en una tienda. Su familia ya había emigrado a La Plata cuando en 1923 viajó a esa la localidad y se incorporó al frigorífico Swift y más tarde a las tiendas Dell' Acqua, en Avellaneda. 



Regresó a Rosario en 1924, aprendió el oficio de pintor de letras, llegó a ser medio oficial y comenzó a estudiar dibujo en la Academia Gaspari y en la Universidad Popular. 



En 1925 durante otra visita a La Plata, su hermano Rafael lo llevó a un acto por la libertad de Sacco y Vanzzetti, en plena campaña de defensa a esos anarquistas detenidos. Tenía 18 años y aquel mitín despertó su interés por el movimiento libertario. Al volver a Rosario, se relacionó con la agrupación anarquista Libre Acuerdo y se acercó a varios gremios como la autónoma Unión Obrera local. 



En 1926 cayó preso por primera vez por repartir manifiestos en un acto y fue liberado semanas más tarde luego de una golpiza. Compenetrado con las ideas anarquistas, en 1927 se negó a hacer el servicio militar, se mudó a Tres Arroyos para no ser descubierto y empezó a usar el apellido materno Jusid, que mantuvo durante gran parte de su militancia. En esa localidad bonaerense fundó la biblioteca Rafael Barret con unos compañeros libertarios. Al año siguiente volvió a La Plata y reorganizó la agrupación anarquista Ideas junto a universitarios y obreros. 
Cuando se produjo el golpe de Uriburu el 6 de septiembre de 1930, con un grupo de militantes, trasladó la imprenta de Ideas a la casa de un profesor, desde donde publicaron clandestinamente el periódico orgánico. Al poco tiempo, fue detenido con dos de sus hermanos y un grupo de catorce integrantes de esa agrupación por di- fundir un manifiesto que incitaba a los soldados a rebelarse contra la dictadura. Lo enjuiciaron y encarcelaron en el Departamento de Policía de La Plata, estuvo preso cuarenta días y salió en libertad bajo caución juratoria el 31 de diciembre de 1930. 



En abril de 1931, luego de que el gobierno interviniera la gobernación bonaerense con adictos al régimen y la policía ordenara nuevas detenciones, quedó a disposición del Poder Ejecutivo junto con su hermano David y otros militantes. Simuló ser rumano y fue enviado a la cárcel de Villa Devoto mientras la policía pedía su extradición al cónsul, quién se negó a firmarla. Permaneció casi un año en prisión donde se encontró con unos doscientos anarquistas de todo el país y participó de un encuentro en el cual se establecieron acuerdos a fin de revitalizar el movimiento libertario nacional. 



Quedó libre en febrero de 1932 por un decreto presidencial del general Agustín Justo que disponía la liberación de todos los presos políticos y sociales. Ese año participó y colaboró en la organización de un congreso para conformar el anarquismo como sector que se realizó en octubre en Rosario, luego del regreso de los presos y deportados a Ushuaia. Volvió a trabajar como pintor de letras y contribuyó a re- agrupar el Sindicato de Pintores de Rosario que inició una huelga de 55 días por el reconocimiento gremial y mejoras en las condiciones de trabajo. En esa ciudad santafecina, fue herido en un tiroteo con la policía mientras intentaba impedir el ingreso de trabajadores a sus puestos durante una huelga general dispuesta por la F.O.R.A. Quedó detenido en el hospital y, ante reclamos de sus compañeros la justicia dispuso su libertad bajo fianza. No obstante, pasó a disposición de autoridades militares por estar en infracción con la Ley de Servicio Militar Obligatorio, de cuyo cumplimiento el Ejército finalmente lo eximió a causa de su lesión. Viajó a La Plata y en un acto en reclamo por Sacco y Vanzetti la policía lo detuvo nuevamente, lo trasladó a la cárcel de Villa Devoto y lo liberó luego de diez días. 



En 1933 inició una gira de cuatro meses viajando con un compañero en trenes de carga por Mendoza, Córdoba y Santa Fe a fin de formar grupos libertarios y concretar los acuerdos de difusión del anarquismo establecidos en el Congreso del año anterior Al regresar trabajó seis meses en el Taller de Pintura "Iris" en su provincia correteó productos de almacén y se afilió al Sindicato de Empleados de Comercio de Rosario. Comenzó a militar en la Unión Socialista Libertaria (USL) y en las Juventudes Socialistas Libertarias (JSL) y, entre 1933 y 1934, desarrolló una labor de agrupación de entidades de ayuda a sindica- tos con el objetivo de organizar la Federación Obrera Provincial de Santa Fe en una labor de agrupación de entidades y ayuda a sindicatos. Como representante de la USL y de las LSL asistió a un congreso clandestino convocado por los Comités Nacional y Regional de Relaciones Anarquistas que se realizó en La Plata en octubre de 1935, del cual surgió la Federación Anarco-Comunista Argentina (FACA). Fue nombrado representante por Rosario ante esta organización, interrumpió su militancia en Santa Fe y se trasladó a Buenos Aires en 1935 para cumplir funciones orgánicas en el Secretariado Nacional y de redactor en el periódico Acción Libertaria. 



En julio de 1936, cuando estalló la Guerra a Civil Española, se identificó con la causa republicana y desde la FACA participó en movimientos de ayuda a España como el grupo Solidaridad con el Pueblo Español constituido por anarquistas. En noviembre de 1936, decidió luchar por sus ideas en suelo español y viajó con su compañera rumbo a la guerra llevando 20 mil vacunas donadas por estudiantes de medicina. Quince días más tarde entró a Europa por Francia y pasó en tren a España. 



En Barcelona se contactó con los argentinos Gastón Leval y Diego Abad de Santillán, entonces Consejero de Cataluña, quienes lo invitaron a una reunión del Comité Regional de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Esa misma tarde fue votado como secretario provisional, dado que la secretaría del comité de la FAI Barcelona se hallaba acéfala. Desde su función asistió a reuniones en las que se debatían temas urgentes como los intentos de morigerar enfrentamientos entre el trotskista Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y el stalinista Partido Socialista de Unificación de Cataluña (PSUC). 
En enero de 1937 dejó el puesto de secretario de la FAI Barcelona y asumió la secretaría de la Comisión de Guerra, dedicada a atender los frentes de Aragón-Cataluña donde se encontraban los afiliados de la CNT-FAI. Como parte de su labor, creó las secciones ejército de tierra, marina, comisariado, aviación, internacional, archivo de documentación y atención al público y resolvió problemas de abastecimiento, movilización y necesidades de las tropas. En febrero de 1937 la Comisión de Guerra pasó a llamarse Sección Defensa Aragón-Cataluña de la regional CNT-FAI, de cuya secretaría quedó a cargo y actuó en coordinación con la Sección de Defensa Nacional. También ese acto junto a sus compañeros cenetistas y faistas, ideó la implementación de secretarías militares en los sindicatos, impulsó una escuela de instrucción de soldados y un plan de escolarización en las trincheras. Mientras que, en la Argentina, la FACA lo nombraba su representante ante el movimiento libertario español. 



A principios de 1938, luego de una crisis interna en la CNT- FAI y de la eliminación inconsulta de áreas, renunció a la sección Defensa. La FAI lo propuso como secretario del Sub-Comité Peninsular y asumió en Valencia el cargo de la zona centro-sur cuando ya Franco había dividido el territorio republicano. En su nueva función se dedicó a vincular a sus compañeros de las regionales de la FAI en Rosario que lo incorporó a su personal administrativo y dentro de ese sindicato propuso la creación de una Universidad Obrera. El proyecto fue aprobado y estuvo a cargo de toda la organización que demandó dos años, adhirió 19 gremios y se concretó con la iniciación de las clases y la concurrencia de mil alumnos en marzo de 1943. En agosto de ese año, luego del golpe de Estado del general Pedro Pablo Ramírez, fue detenido con su compañera Ana Piacenza y pasó cerca de un año en la cárcel hasta que lo liberaron en octubre del 44'. Poco después viajó a Buenos Aires para buscar trabajo y se reencontró con su compañero de la CNT-FAI de Valencia Arturo Tomás García, gerente de la empresa de Colectivos Quilmes, quién lo invitó a asumir el área administrativa de la Cámara Gremial del Transporte Automotor de Pasajeros bonaerense Se instaló en La Plata, participó en la creación de la compañía de seguros Bernardino Rivadavia perteneciente a la Federación de Transportistas que integraba- y dirigió el periódico orgánico Motor y Camino. 



Pero, a fines de 1945 renunció a la Cámara por no tomar partido en favor de las empresas en los conflictos con sus empleados. Regresó a Rosario y ese año se hizo cargo de la biblioteca de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas hasta que, en 1946, la intervino el peronismo y fue dado de baja por sus antecedentes policiales. Empezó a trabajar en la galería de arte D'Art y siguió afiliado al Sindicato de Empleados de Comercio que, también ese año, fue captado por el oficialismo. Tomó parte activa en el Comité de Recuperación Sindical tratando de reconquistar gremios perdidos y defendiendo los intereses de los trabajadores. 



En 1947 el gobierno clausuró el local de la Unión Socialista Libertaria donde militaba y fue detenido mientras distribuía el folleto «Un acto de peronismo» publicado por la FACA. La policía le inició un proceso por desacato al Presidente de la República y salió en libertad en 1948. 



Volvió a Buenos Aires como viajante de la empresa Martini y en 1950 empezó a trabajar como representante de la editorial Peuser. Aprovechó sus viajes comerciales entre Santa Fe y Buenos Aires para vincular con la FACA a compañeros anarquistas del interior y difundir propaganda de la Unión Socialista Libertaria. 



En 1954 la FACA pasó a llamarse Federación Libertaria Argentina (FLA) y siguió relacionado con esta entidad. 
En 1955 retomó su trabajo en la Casa D'Art de Rosario y a partir de la Revolución Libertadora inició una dinámica etapa de militancia y desarrolló una gran actividad como Secretario de Prensa del Comité de Recuperación Sindical. Publicó comunicados, participó de espacios radiales, convocó a asambleas, integró el grupo de militantes que reconquistó la Federación Gráfica Rosarina y se relacionó con autoridades de la Revolución Libertadora proponiendo interventores en los sindicatos y desarrollando tareas de organización gremial. En 1955, el decano de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas le propuso ocupar nuevamente el cargo de bibliotecario pero, ante una situación confusa, renunció al año siguiente. En 1956 acudió como uno de los nueve delegados por Rosario a un congreso de Empleados de Comercio y redactó el preámbulo y la declaración de principios del nuevo estatuto de la Confederación General de Empleados de Comercio de la República Argentina. En 1957 el Congreso Normalizador de la CGT dio como resultado la división entre las 62 Organizaciones y los 32 Gremios Mayoritarios Democráticos, los cuales incluyeron al sindicato de Empleados de Comercio. En su rol de militante de esta organización, y junto con un grupo de trabajadores, formó la Mesa Nacional de los 32, que integró como uno de sus tres delegados. Se instaló en Buenos Aires y, mientras continuaba desarrollando tareas de militancia en la FLA, realizó una intensa labor de agrupamiento de gremios y resolución de conflictos por reivindicaciones laborales En 1957 trabajó desde la Mesa de los 32 generado pro puestas para regularizar la CGT y participó en huelgas y asambleas en Capital y en el interior contra la aplicación de la Ley de Asociaciones Profesionales 14.455. 



En 1959 sufrió un accidente, regresó a Rosario y siguió su militancia en la Unión Socialista Libertaria y en el sindicato de Empleados de Comercio. 



En 1963 recibió una propuesta del secretario de la Mesa de los 32 para actuar en Buenos Aires e incorporarse al personal administrativo de la Asociación de Empleados de Despachantes de Aduana (AEDA). Aceptó y desde el cargo de secretario de prensa llamó a asambleas intersindicales de agrupaciones como empleados de comercio, albañiles, bancarios, trabajadores del vestido, metalúrgicos, portuarios, telefónicos y empleados de Luz y Fuerza, entre otras. Fue director del Boletín Informativo de los 32 Gremios Mayoritarios Democráticos y coordinó, desde esa organización, actividades de carácter cultural y giras para vincular a los sindicatos adheridos. Además, intervino en conflictos por la homologación de convenios y luchó para que las asociaciones de tendencias democráticas aceptaran la personería gremial y pudieran ser reconocidas legalmente. Desde 1963, y durante siete años, integró la Comisión de Cultura del Consejo Nacional de la Federación Libertaria Argentina (FLA). 



Más tarde, entre 1968 y 1970, fue el primer presidente de la Cooperativa Sindical de Créditos del gremio rosarino de Empleados de Comercio. Ya en plena dictadura militar trabajó durante un año junto a sus compañeros de los 32 Gremios Mayoritarios Democráticos en la organización de un congreso nacional del movimiento obrero que se realizó en junio de 1980 y dio origen a una central sindical denominada Comité Nacional Permanente por el Sindicalismo Libre (COPENASILI). 



En 1991, durante las Jornadas sobre los Trabajadores en la historia del siglo XX, disertó acerca de la «Libertad Sindical en la Argentina». Y, ese mismo año dio la conferencia «Apuntes sobre el socialismo libertario>> en el marco de un seminario sobre anarquismo organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. 



Actualmente, a los 92 años, pertenece al grupo Escuela para la Democracia, continua vinculado a las actividades de la F.L.A., escribe en el periódico 'El Libertario' y viaja todos los días desde la localidad bonaerense de Lanús hasta la Capital Federal para concurrir a su trabajo en la Asociación de Empleados de Despachantes de Aduana. 

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De las conversaciones con Domingo Trama: 


- ¿ Qué entendían por acción directa? 

– Fundamentalmente luchar contra la intromisión del Estado, lo cual significaba también prescindir de todos sus beneficios. Así hemos desechado el aguinaldo, el pago del 1ro de mayo, el descuento sindical a los trabajadores. Y, aunque la mayoría de los obreros los aceptaban, nosotros los considerábamos dádivas y los rechazábamos para no prestarnos a ningún juego de intereses y para que nuestra organización tuviera la libertad suficiente de reclamar cuando lo necesitara. Con esos principios, funcionamos durante más de 54 años. Y el Estado no intervino nunca en la gestión de nuestros convenios con la patronal. Nos resistimos a todas las dictaduras aún sufriendo períodos de clandestinidad pero.. poco a poco fueron ahogando al movimiento obrero. 

– ¿ A qué dictaduras resistieron ? 

- A la de Uriburu, a los gobiernos militares... el peronismo también fue una dictadura para la Federación. 

– ¿ De qué manera repercutió en la sociedad este ahogo del sindicalismo que ejercieron las dictaduras? 

- Dejó un movimiento obrero que hoy no representa absolutamente nada. Los trabajadores ya no son dueños de su destino. No tienen derecho a opinar, ni a peticionar porque al frente de las organizaciones obreras hay tipos obsecuentes al servicio de los gobiernos de turno. Se ha llegado a lo último que se puede trastocar en cuanto a los intereses de los trabajadores y a sus medios para defenderse. Y en la actualidad no veo perspectiva alguna de que esto cambie. Por eso estoy convencido de que en el futuro la falta de regulación de la tecnificación y las imposiciones en nombre de una política abusiva generarán una irremediable rebelión de los trabajadores. 

– ¿ Sólo de los trabajadores? 

– Sí, porque todas las determinaciones de las políticas internacionales apuntan hacia los trabajadores específicamente. 

–¿ Según usted una de las principales causas de la pauperización y desplazamiento de mano de obra es la falta de regulación de la tecnología? 

- Sí. 

– ¿ En qué sentido afectó la tecnificación a los trabajadores navales? 

- Según me contaron algunos compañeros, en 1924 ocurrió un caso paradigmático. Ese año los patrones de la casa Mihanovich -que era la naviera más grande del país- quisieron imponer la máquina de re- machar. El gremio la consideró un elemento de progreso -porque entendió que venía a humanizar el trabajo- pero reglamentó su uso porque si no con dos máquinas suplantaban a cien obreros que eran los remachadores de oficio. El hecho es que las autoridades empresarias no aceptaron la propuesta gremial y tras unos días de lucha reemplazaron a los trabajadores por gente contratada que trajeron de Uruguay. 

– ¿ Y los obreros efectivos.? 

Los despidieron. Y... les convenía porque funcionaban con dos o tres trabajadores les pagaban sólo por cl trabajo o y seguían aplicando la máquina. Hasta que finalmente esos obreros -que habían venido a traicionar a los compañeros- se afiliaron a Construcciones Navales, presentaron a la empresa Mihanovich los reclamos por la reglamentación de la máquina y se logró la reincorporación de algunos obreros despedidos. A partir de ese momento se aplicó la reglamentación para todos los casos de las diversas máquinas que se quisieron implantar. Una medida que hoy los representantes obreros son incapaces de tomar y encima -en nombre de la flexibilización- tienen la desfachatez de aceptar la extensión de la jornada de trabajo a diez y doce horas, violando las S horas establecidas desde hace años y que costa- ron tanta sangre y tanta lucha en todo el mundo, incluso en nuestro gremio. 

– ¿ qué lucha sostuvieron por las ocho horas? 

- La lucha la llevaron adelante los calafates: un gremio que se encargaba de pasar una costura entre las maderas de los barcos para que no se filtrara el agua. Era el sindicato naval más viejo, y en 1901 los obreros tocaron por primera vez el tema de las ocho horas de trabajo porque hasta entonces trabajaban diez y doce horas. 

– ¿ Cómo plantearon el tema? 

- En una asamblea que los calafates de los Talleres Grondona hicieron en forma oculta de las autoridades, determinaron un día de ese año para poner en práctica la jornada de ocho horas. Ese día a las 7 de la mañana acordaron entre los trabajadores que a las 15 se irían y se lo comunicaron al patrón. Llegada la hora anunciaron el fin del horario de trabajo mediante una campanita confeccionada ex profeso por un orfebre italiano. Al rato apareció un batallón de la Prefectura Naval que, a punta de bayonetas, amenazó a los trabajadores con despidos y suspensiones. Y buscaba afanosamente la campanita. Pero los obreros la habían echado al Riachuelo en un lugar lleno de petróleo donde era imposible verla. Pasaron cuatro días de amenazas constantes durante los cuales los obreros cumplían el horario de ocho horas pese a que la Prefectura armada seguía ocupando el taller. Al cuarto día, el patrón aceptó la jornada de ocho horas, la reconoció para todo el personal y, como los calafates triunfaron, finalmente esa jornada se extendió a todos los gremios navales. Entonces los obreros sacaron la campanita del río, la limpiaron con kerosene y estuvo exhibida en el Museo Quinquela Martín en La Boca. En 1997 cuando ese museo pasó a depender del Estado, la retiramos y actualmente está expuesta en el Museo Histórico La Boca. 


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– ¿ Hasta qué época negociaron directamente con la patronal? 

– Hasta 1956, pese a todos los gobiernos de dictaduras. Y pudimos hacerlo porque permanecimos ajenos a la C.G.T. y a toda entidad reformista que actuaba junto al gobierno. 

– ¿Esa autonomía no les causaba problemas.? 

– Sí, claro, indudablemente. Prueba de ellos es que estuvimos clausurados cinco veces. La primera desde 1930 hasta 1934 cuando nos cerraron el local que la Federación tenia en la calle Olavarría 738. La segunda en el año 42´ durante la presidencia de Ramón Castillo. Después, el peronismo nos clausuró dos veces, nos formó un sindicato paralelo en cada oportunidad y en la segunda clausura – y la más importante - entre el 50´ y el 55´ se apoderó de nuestro local social en la calle Pedro de Mendoza 1915/1921. Y, finalmente, la última clausura fue en 1956, durante la Revolución Libertadora; en esa ocasión el gobierno también formó otro sindicato. 

– ¿ Seguían funcionando en la clandestinidad durante las clausuras.? 

– Sí. A tal punto que en 1947 -durante la segunda clausura del peronismo- los empleados administrativos de la construcción naval vinieron a buscar a miembros de la Federación para que les presentáramos ante la patronal el petitorio para constituir una organización que se iba a denominar Empleados Navales. 

– ¿ Por qué los buscaron a ustedes? 

– Porque estos empleados habían visto las condiciones de trabajo de nuestros obreros y cómo eran respetados. Y también habían decidido organizarse. 

– z Y ustedes los ayudaron? 

- Sí, les presentamos el petitorio pero los patrones- como sabían que si se creaba este gremio iban a aparecer muchos de sus asuntos turbios – buscaron una triquiñuela y nos contestaron que para reconocer el nuevo sindicato teníamos que inscribirlo en la Secretaría de Trabajo. 

– ¿Entonces? 

– Hicimos una huelga de 110 días en el 47´, durante la cual los talleres permanecían cerrados completamente Pero, después de más de tres meses, tuvimos que buscarle una salida al conflicto incluso por determinación de los empleados que no querían más sacrificio. Entonces, rondó la idea de plantearle a los patrones dejar para otra oportunidad el reconocimiento del gremio de Empleados porque si acepábamos ir a la Secretaría de Trabajo por ese sindicato íbamos a tener que ir todos. E hicimos un convenio de dejarlo para más adelante. Pero cuando volvimos a trabajar la patronal nos exigió que nos inscribiéramos en un nuevo sindicato, creado por el gobierno que quedaba en la calle Basavilbaso. 

– ¿ Se inscribieron en algún momento en el Ministerio de Trabajo? 

– No, nunca estuvimos sometidos Perón nos insinuó que había que adherirse pero nosotros nos negamos. En respuesta, en 1948, personal de pesquisas del Ministerio de Trabajo nos suspendió una asamblea y nos intervino con el argumento de que todas las organizaciones se habían adherido a la CGT menos nosotros. Y tuvimos que comparecer obligatoriamente ante el Ministerio donde nos atendió Juan Castro – entonces ministro de Transporte- y nos ofreció, a cambio de inscribirnos, el control de todos los puertos del país... 

– ¿ Qué implicaba esa oferta? 

Más poder porque nosotros teníamos afiliados en cuatro seccionales del interior del país – Ensenada, Rosario, Santa Fe y La Plata- que eran los puertos más importantes. Y Castro nos prometió – si nos inscribíamos- que iba a poner bajo nuestro contralor todos los demás puertos y seccionales del país que no tenían organización. 

– ¿Y ustedes aceptaron ? 

– No. Pero fíjese qué pasó. En esa misma reunión, después Castro le preguntó a un compañero: «¿Usted donde vive?». « Yo vivo en un conventillo en La Boca», le respondió. « ¿Y usted? – le preguntó a otro- «Yo vivo en una casa en Piñeiro». «¿Y paga alquiler? ». «Sí», le contestó el compañero. Y después me preguntó a mí: «¿, Y usted?». «Yo también vivo en una casa en La Boca». Entonces nos miró a los tres y nos dijo: «No puede ser... dirigentes obreros que vivan así. Ustedes tienen que tener su casa propia. Cheee, a ustedes les conviene venir acá». Entonces yo le respondí: «Vamos a ver qué dice la asamblea». «Vamos - me dijo- que si ustedes quieren... no nos vamos a engrupir». 

– ¿ Y qué dijo la asamblea? 

– Contamos todo lo sucedido tal cual se lo cuanto a usted, pero con más detalles porque estábamos sobre el asunto fresco- y nuestros compañeros se enfurecieron «No vamos, no vamos», decían. La cuestión es que al otro día volvimos al Ministerio de Trabajo y, cuando venía Castro a recibirnos, justo pasó Evita. Entonces él le dijo: «Se- ñora, estos son los navales». «¿Y qué tiene?», respondió ella – que ya estaba al tanto de todo-. «Dicen que la asamblea resolvió no venir a inscribirse». «A esos locos déjelos», le contestó Eva. Y nos retiramos. Nuestra palabra era que no íbamos a inscribirnos y no fuimos. 


– ¿ Por qué el anarquismo ya no actúa sindicalmente? 

- Y... porque los gobiernos del fascismo, los gobiernos de dictaduras y en fin los gobiernos de democracias han terminado por codificar al sindicalismo. Lo maniataron, lo inhibieron para que los trabajadores expresaran la voluntad del poder y discutieran los problemas que interesan a la clase gobernante Y hoy los trabajadores ya no opinan, son autómatas y todo lo resuelven los dirigentes sindicales y los gobiernos, tanto democráticos como fascistas. 

– ¿ No cree que los anarquistas también han sido responsables de su pérdida de inserción en el movimiento obrero? 

– No, yo no creo eso. Creo más bien que la reacción la deportación y todas las leyes y medidas de seguridad que ha adoptado el Estado contra los compañeros tuvieron consecuencias lamentables. Todo eso ha ido quitándole vitalidad al librepensador, ha ido limitándolo a través del tiempo y hoy se ve atado... atemorizado 

– ¿ Cómo llevan hoy el anarquismo a la acción en el marco de esta realidad política, económica y social adversa? 

– A través de organizaciones responsables como la Federación Libertaria Argentina, la Biblioteca José Ingenieros, el grupo Impulso de Rosario y otros grupos que coinciden con el ideal anarquista. 

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- ¿ A quiénes considera los opositores más fuertes del anarquismo? 

– La presencia constante del clero representó y representará siempre la oposición más dura. La Iglesia, mediante su participación en conflictos obreros, intentó históricamente socavar el espíritu revolucionario de los trabajadores para mantener el statu quo. Lamentable- mente, durante el peronismo, muchos dirigentes de gremios como los ferroviarios y los metalúrgicos le otorgaron el poder de negociar en conflictos obreros para desligarse ellos de la responsabilidad. Esto no sólo robusteció los movimientos católicos – en detrimento de las organizaciones obreras- sino que significó un atraso en la vida sindical porque consideramos que toda conquista del trabajador debe ser producto de la obra de trabajador mismo. 

– ¿ Sólo la Iglesia intentó socavar e/ espíritu revolucionario de los trabajadores? 

– No, también lo intentaron los gobiernos cuando emprendieron la persecución de los auténticos militantes y utilizaron las leyes de asociaciones profesionales, como las principales armas para destruir todo intento de rebeldía y de emancipación de los trabajadores. Esas leyes eran verdaderas imitaciones de códigos fascistas como la Ley del Dopo Lavoro italiano o la Ley Alemana de trabajo. 

– ¿ A que ley se refiere en el caso de la Argentina.? 

– A la ley 14.455/58 de Asociaciones Profesionales que establecía reglas para la formación de sindicatos. Sus rasgos fascistas se observan, por ejemplo, en que desestimaba la existencia de gremios minoritarios imponiéndoles un mínimo de un diez por ciento de afiliados para participar en los convenios colectivos de trabajo. Apuntaba a la creación de un sindicato único por rama para que el gobierno pudiera controlarlo mejor. Autorizaba al Ministerio de Trabajo a otorgar la personería gremial y jurídica sólo a la asociación profesional mayoritaria. 
E incluso, imponía a los trabajadores el pago de una cuota sindical obligatoria autorizando a las patronales a retenerla. A diferencia de lo que planteaban en nuestras organizaciones que rechazaban por completo la intervención de la patronal y en las cuales el aporte de los obreros nunca fue compulsivo. 


Domingo Trama 

Nació el 2 de septiembre de 1910 en el barrio porteño de La Boca. Es el mayor de ocho hermanos, hijo de madre argentina y padre francés obrero de la industria naval. En 1922, terminó sus estudios primarios y dos años después se empleó como ayudante en varios comercios de la zona. Cuando tenía 17 años ingresó a trabajar como pasarremache en la firma Varaderos Ghioldi y perteneció al Sindicato de Caldereros y Anexos. En 1928, sus compañeros Hermenegildo Rosales y Juan Navone lo presentaron al gremio de Pintores y Rasqueteadores, al cual se afilió y a partir de entonces hasta 1950 se desempeñó como changuista en la reparación de buques para los talleres Lambertini e Hijos, La Marina, La Anglo-Argentina y Moore Mc Cormack. A los veinte años, empezó a frecuentar los bares Roma y Paulista de La Boca donde paraban obreros socialistas, comunistas y algunos anarquistas, a través de quienes se interesó en la ideología libertaria. Conoció a grandes hombres de la política de su tiempo como el radical Crisólogo Larralde y el socialista Alfredo Palacios. En 1930 la dictadura de Uriburu clausuró la Federación de Obreros de Construcciones Navales (F.O.C.N.) que nucleaba a cinco sindicatos, incluido al que pertenecía. Ante ese clima de arbitrariedades nació su pasión por el anarquismo. En 1932 la asamblea de Pintores y Rasqueteadores 1o nombró por un año bibliotecario del gremio Durante los años siguientes y a causa de su activa militancia fue llevado varias veces preso por marineros de la Prefectura En 1938, su sindicato lo eligió tesorero. En agosto de ese mismo año participó en una asamblea de la Federación de Obreros de Construcciones Navales que resolvió enviar ayuda a los comba- tientes republicanos de España A partir de ese momento y hasta el final de la Guerra Civil, donó al pueblo español cl 2 por ciento de su quincena de trabajo. En marzo de 1939 se negó a reparar el buque franquista Cabo San Antonio, a cargo del gobierno de Burgos c intervino junto a sus compañeros, en una huelga de cinco días al Taller Cariboni. 



El 9 de septiembre de 1940, integró una comisión de trabajadores que logró, luego de un día de paro, que el prefecto de puerto desistiera de aplicar una disposición de la división Orden Social de la policía que obligaba a la Federación de Construcciones Navales a quitar de su carta orgánica las palabras " boycot" y "acción directa" . En adelante, formó parte de todas las delegaciones, en representación de los obreros, que dialogaron con las patronales en distintos conflictos y en cuestiones de litigio con la Prefectura. A causa de ello, durante la década del 40´, fue detenido en varias oportunidades, en el sindicato, por marineros armados y los prefectos lo amenazaron con la cárcel. Integró el Comité pro Presos de Bragado como delegado y el 20 de noviembre de 1940, en nombre del sindicato de Pintores y Rasqueteadores, entregó a uno de los detenidos en la cárcel de Mercedes -Pascual Vuoto- la máquina de escribir que había solicitado para redactar sus manifiestos de protesta. Con otros cuatro compañeros fundó el " Ateneo de Juventud de Obreros de Construcciones Navales" el 21 de octubre de 1941 y fue elegido secretario de esa organización. En 1942 el Sindicato dc Pintores y Rasqueteadores lo designó su secretario y ejerció el cargo por un año. Durante el gobierno de Ramón Castillo, integró una comisión que se entrevistó con el ministro de Marina, Mario Fincati, el 10 de Octubre de 1942 a causa del intento oficial de imponer un carnet identificatorio de la Prefectura para permitirle a los obreros ingresar a trabajar al puerto Por tal motivo inició una huelga junto a los demás obreros y, luego de tres días, el Ministerio aceptó la pro- puesta que le plantearon él y otros compañeros en nombre de los trabajadores. Ese mismo año fue clausurada por segunda vez la Federación de Obreros de Construcciones Navales. En 1945, la asamblea de Pintores y Rasqueteadores lo reeligió secretario y ejerció cl cargo hasta 1946 cuando fue designado por un año delegado ante el Consejo Federal de la Federación En 1947 participó en la comitiva que presentó, ante el organismo patronal Unión de Constructores Navales (UCN), un petitorio de los empleados administrativos navales para constituir su propio sindicato. Debido a trabas en el reconocimiento de esta nueva organización, participó en una huelga de 110 días en solidaridad con esos trabajadores. La Federación de Constructores Navales fue clausurada por tercera vez durante 1947 y el gobierno creó un nuevo sindicato bajo control oficial. Como delegado del Consejo Federal de los gremios navales, en 1948 integró la comisión que compareció ante el Ministerio de Trabajo y le manifestó al ministro Juan Castro la decisión de la asamblea sindical de rechazar la supervisión de esa cartera sobre la Federación de Constructores Navales. En 1950 intervino en una huelga de 45 días en solidaridad con la Federación Marítima y al finalizar el conflicto el gobierno creó la Asociación Marítima Argentina y clausuró por cuarta vez la Federación de Obreros de Construcciones Navales que, no obstante, siguió funcionando en la clandestinidad. En 1952, abandonó sus tareas de changuista, entró a trabajar en forma efectiva en los Talleres Vignolo Hnos y se desempeñó en un nuevo oficio: ayudante electricista. Dejó de pertenecer al sindicato de Pintores y Rasqueteadores y se afilió a Metalúrgicos Navales que, al igual que los otros gremios de la Federación, funcionaba en forma clandestina. Ese mismo año, mientras la Federación seguía clausurada, fue despedido de los Talleres Vignolo por haber asesora- do a un grupo de obreros ante una maniobra de la patronal. La Revolución Libertadora levantó la clausura de la F.O.C.N., en 1955 y fue elegido delegado por el gremio de Metalúrgicos Navales ante el Consejo Federal, el cual a su vez lo designó secretario general de la Federación En l 956 junto a compañeros de los Consejos Federal y Regional presentó un petitorio ante la Unión de Constructores Navales y al Taller estatal TARENA en el que solicitaban el reconocimiento de la libertad sindical de la Federación de Construcciones Navales y la aceptación de la jornada laboral de seis horas. 
Ante la negativa a acceder a esos reclamos y la aplicación de un lock out patronal, en octubre del 56´ encabezó como secretario general de la Federación- una huelga que duró trece meses. A fines de ese año fue detenido por la policía durante cl conflicto, luego de un atentado ocurrido en el puerto mientras él y un grupo de delega- dos mantenían una reunión con el patrón de los Talleres Tognetti. Fue llevado al Departamento Central de Policía, donde le iniciaron un proceso y lo enviaron a la cárcel de Villa Devoto. Allí estuvo tres meses preso, destino que más tarde sufrieron también otros miembros del Consejo Federal y Regional de la Federación. En marzo de 1957 fue puesto en libertad y el 26 de octubre de ese año el Ministerio de Trabajo reconoció como gremio único al Sindicato Argentino de Obreros Navales (SAON), formado por los talleres estatales TARENA. La huelga finalizó sin cl logro de los reclamos en noviembre de 1957 y ya para ese entonces -al igual que muchos compañeros había perdido su trabajo. Realizó tareas temporarias en los talleres El Anglo- Argentino, Lambertini y La Marina y continuó ocupando el cargo de secretario general de la Federación pero nunca se afilió al nuevo sindicato. En 1959 fue convocado -junto con otros 80 obreros califica- dos- para trabajar en los Talleres Ryan clandestinamente pues estaba señalado como huelguista. Allí desarrolló labores de reparación de barcos unos pocos meses hasta que el taller cerró En 1960 se afilió al sindicato de Luz y Fuerza, se anotó con la Bolsa de Trabajo de ese gremio e ingresó a trabajar en el área de Jubilaciones y Pensiones de la compañía Italo Argentina. También en 1960, fue nombrado miembro de una Comisión de Reorganización dc la F.O.R.A. Se jubiló en 1969 y en 1971 cesó en su función de secretario general al producirse cl cierre de la Federación de Obreros de Construcciones Navales a causa de la falta de afiliados y la negativa a someterse a las exigencias de la Ley de Asociaciones Profesionales. 

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